lunes, 3 de octubre de 2011

Mes 8- Flores de pimpollos extraños

Irupé

Leyenda paraguaya escrita por Ute Bergdolt de Walschburger.

“Ñandé Yará, el gran espíritu, había decidido que Moratí y Pitá no fueran felices”, comienza diciendo la autora alemana. En su tribu Pitá era el mejor guerrero y Moratí la más bella. Un día, paseando junto a las crecidas aguas del Paraná, Moratí hablaba con otras mujeres y cada una hacía gala de sus novios. Moratí llamó a Pitá y le dijo, mientras arrojaba su brazalete al turbulento río: “Ellas dudan de tu amor. Ve y recupera mi joya, Pitá querido”. Sin pensarlo él se arrojó. “Las mujeres la miraban con asombro. Habían callado. No la comprendían.” Pasó el día y Pitá no volvía. Moratí no podía llorar. Consultó al gran sabio quien, mirando en las llamas de la hoguera, le dijo que Pitá no había muerto, sino que el Paraná lo había elegido como novio, haciéndole olvidar a Moratí, y por eso lo había enredado en las redes de la ondina. “Cuando Pitá vea tu rostro se acordará de ti y te amará de nuevo.” Ella buscó una piedra pesada y cantando se adentró en las aguas. A la madrugada del segundo día apareció una flor desconocida. “En esta flor se han unido Pitá y Moratí, dijo el sabio del pueblo. El gran espíritu Ñandé Yará les regaló una vida eterna por su gran amor y por su fidelidad. Irupé, o amor constante, será el nombre de esta flor”.

6 comentarios:

Marta Alicia Pereyra Buffaz dijo...

Otra versión dice:

La palabra irupé significaría en guaraní plato sobre el agua, aludiendo así a la forma de sus hojas. Son sus flores de extraordinaria belleza, blancas al comienzo, rojizas al transcurrir algunos días.
La leyenda del irupé es de origen guaraní y refiere que una hermosa india, enamorada sin esperanza de la Luna, ascendía a los cerros, a las copas más altas de milenarios árboles de la selva para tenderle sus brazos enamorados. Sólo angustias y dolores conoció la doncella. Cierto día en que lloraba en las orillas de un lago de desventura vio la imagen de la diosa de la noche, reflejarse en la tranquilidad de las aguas. Sin pensarlo, se arrojó a las profundidades y sobre su cuerpo se cerraron aquéllas. Tupa, que conocía los tormentos de su alma, la transformó en el irupé, cuyas hojas tienen la forma de la Luna y hacía ella miran eternamente.

http://www.soygaucho.com/espanol/leyendas/laflordelirupe.html

Marta Alicia Pereyra Buffaz dijo...

Recibe estos nombres: Victoria regia, Abatiyú, Agoapé, Aguapé, Hoja de sol, Iguapé, Irupé, Maíz de agua, Maruru, Ninfa real, Plato de agua, Loto gigante

- Nombre científico o latino: Victoria amazonica

- Sinónimo: Victoria regia

- Nombre común o vulgar: Victoria regia, Abatiyú, Agoapé, Aguapé, Hoja de sol, Iguapé, Irupé, Maíz de agua, Maruru, Ninfa real, Plato de agua, Loto gigante

- Familia: Nymphaeaceae (Ninfáceas).

- Origen: América meridional, incluyendo el río Amazonas. Su hogar tropical acuático se extiende por Brasil, Colombia, Perú y Guyana.

- Etimología: el nombre específico de Victoria regia está dedicado a la reina Victoria de Inglaterra, ya que fue descrita por botánicos ingleses en el s. XIX, pero se cambiaría posteriormente a Victoria amazonica haciendo alusión a su sitio dedescubrimiento.

- Planta acuática de enormes dimensiones.

- Sus grandes hojas redondas pueden llegar a medir hasta 2 metros de ancho.

- Los bordes perpendiculares de 10-20 cm, de color verde y reticuladas por la cara superior, rojizas y con la nerviación dispuesta en espiral en la cara que se halla en contacto con el agua. La venación de estas hojas presenta una arquitectura muy peculiar.

- Este reborde impide que el agua la penetre lo que le permite sostener grandes pesos, hasta 20 kilos, por lo que es común ver aves y pequeños mamíferos reposando sobre ellas.

- La hoja está sostenida por un largo pecíolo que la une a un rizoma sumergido que se hunde en el lodo.

- La planta está armada por todas partes, excepto por la superficie, con espinas.

- La flor de la Victoria Regia es de una impresionante belleza.

- Es una flor solitaria que nace en la oscuridad de la noche, perfumando el aire de las noches de luna de verano con una delicada y dulce fragancia.

- Son flores grandes de entre 20 y 40 centímetros, con pétalos blanco algodón o rosados, que se van tornando rojo rubí.

- La flor nacida en la noche, permanece abierta durante el día y a la siguiente noche se cierra sumergiéndose en el agua.

- La Victoria ofrece un fruto globuloso tipo baya que es comestible y recibe el nombre de maíz de agua.

- Floración: verano.

- Hay una leyenda que cuenta que una bellísima joven de una tribu indígena, estaba obsesionada con poder tocar la luna. Pero ésta era inalcanzable. Hasta que un día, la joven vio la luna reflejarse en el río y pensó que la luna se estaba bañando así que se arrojó al río para tocarla y se ahogó. A la luna le dio tanta pena, que rescató su vida pero la transformó en una enorme flor acuática donde la luna se pudiese reflejar todas las noches… la Victoria Regia.

- El jardinero inglés Joseph Paxton se inspiró en el envés de la hoja de la Victoria para la realización de un diseño que sirvió de base para la construcción del Palacio de Cristal realizado con motivo de la Exposición Universal de Londres de 1851, lo que le valió a Paxton el honor de ser nombrado Caballero.

- Adorna estanques amplios en parques y jardines, de lugares con clima cálido.

- Es sin duda una de las maravillas del reino vegetal.

- Luz: al aire libre, en pleno sol.

- Temperaturas: es una planta exclusivamente tropical. No soporta temperaturas inferiores a 15ºC.

- En las regiones mediterráneas es cultivada como anual.

- Las aguas sobre las que vive Victoria Regia son lentas, serenas y silenciosas.

- Es difícil de encontrar a la venta.

- Multiplicación: mediante semillas en febrero en invernadero, dentro de macetas con buena tierra vegetal, sumergidas en agua a 28ºC que debe cubrirla unos 5-6 cm. Después de una serie de trasplantes, la plántula se coloca en los estanques.


http://fichas.infojardin.com/acuaticas/victoria-amazonica-victoria-regia.htm

Anónimo dijo...

Comparto un link de una página donde encontré una versión de la leyenda con ilustraciones.
http://blogs.educared.org/labibliodeloschicos/?p=32
Silvana F.

Anónimo dijo...

Dejo la letra de una canción de Los Musiqueros entrerrianos:
IRUPÉ
Marcelo Maddoni/Rubén Giménez

Bella flor del irupé
arrúllame hasta que duerma
solo he quedado en la isla
esperando que ella vuelva

Se llevo mi corazón
el vino duerme y cubre la pena
mirando el cielo y las estrellas
la buscaré entre la más bella

Ay! mi vida vuelve
vuelve que te espero aquí
ay! virgencita milagrosa
que sin ella voy a morir
Ay! mi vida vuelve
vuelve que te quiero aquí
remando el río que me lleva
esperaré siempre por ti

Ya lo ves mi dulce amor
el sauce te esta llamando
y bajo una nueva luna
sus ramas te están cantando

Vuelve ya mi corazón
que el río también te espera
pa' llevarte a lo más ancho
en mi canoa costera
Daniela

Anónimo dijo...

Otra versión de la leyenda de Irupé: Cumple con sus ritos la tribu en medio de la noche.
La luna acompaña cada paso. Las doncellas vírgenes danzan en torno al fuego. Corre entre los hombres el vino de mandioca. Canta y baila la tribu. Se exacerban los espíritus.
El joven Chiru cuenta sus hazañas. Acaba de regresar de la ciudad del oro. Cuenta todo con lujo de detalles y las fantásticas aventuras ocupan todo su hablar. Nada de lo que allí pasa parece tener mucha gracia después de haber pisado aquellas tierras doradas.
Bailan las doncellas vírgenes alrededor del fuego.
Coronadas de flores danzan con sus atuendos blanquísimos.
Las llamas que se levantan con fuerza crujiente tiñen la piel de las jóvenes de un rojo incandescente y furioso que enerva los espíritus. Chiru mira a las doncellas. Mira a una doncella en especial. La más joven. La más hermosa. La más áurea. La mira con deseo irrefrenable.
Ahora las doncellas detienen su danza y agitadas descansan junto a un árbol.
Chiru manifiesta su deseo a un hombre que está a su lado.
El hombre le advierte que esas doncellas no pueden ser tocadas. La maldición de Tupã caerá sobre quien ose tocar a las doncellas vírgenes de la tribu.
Chiru, agitado por los espíritus del vino, se acerca a la joven y le ofrece sus brazos para el merecido descanso. La joven rehúsa el ofrecimiento. El muchacho insiste. La acosa. Se le acerca. La joven huye. Se levanta y corre por el monte. Chiru, enceguecido por la negativa la persigue.
Alejada del fuego y corriendo por el bosque, la niña, plateada por la luna parece un espectro encantado. No está dispuesta a entregarse a los brazos de aquel indio ebrio. Llena de miedo, trémula pero decidida se aleja con sus ágiles piernas. Casi lo ha perdido de vista. Chiru, embriagado, no acierta el camino que ha tomado la joven pero su deseo es irrefrenable y no se detiene. Obstinado avanza. La niña se detiene junto al río. Se ha trepado a una roca saliente y allí aprisiona entre sus manos el talismán defensor de la virginidad. En ese mismo momento ve aparecer a través del follaje a Chiru.
“Al fin te he alcanzado” grita el muchacho poseído por los espíritus del alcohol.
“Huiremos juntos. Te llevaré a la ciudad del oro. Viajaremos sin descanso y la aventura será nuestra única guía. Te ofrezco el paraíso que está más allá de los cerros”. Suplica el joven ante el silencio de la niña que temblorosa aprisiona aún más su amuleto. El hombre se acerca a ella.
Intenta varias veces subir a la piedra en la que está erguida la pequeña doncella.
Le acosa desde abajo Chiru hablándole continuamente de amor y desenfreno.
El silencio es el resguardo de la niña. Mira el río cargado de estrellas. Un reflejo vivo. La luna enorme en su superficie. Todo parece hablarle, incitarla.
Ya trepa Chiru.
Ahora sí está por darle alcance.
La niña no lo duda un instante. Salta y se sumerge en ese espejo de astros y reflejos. Salta detrás el muchacho, guiado por el deseo.
Se desliza la niña hacia lo más profundo.
“Te salvaré y serás mía” balbucea el hombre y se sumerge en las oscuras aguas en busca de la doncella. Una y otra vez va y viene de la superficie a las profundidades hasta que al fin logra alcanzar el cuerpo de la niña. Lo aferra fuertemente y se dirige a la superficie, pero al salir a flote descubre que lo que trae aferrado es una flor. Grande y en forma de corona. Ámbar en el centro y teñida de colores rosados en los bordes de cada pétalo, ancho y carnoso. Sorprendido primero y furioso después, Chiru tomó la flor y sin fijarse en su gran belleza la arrojó lejos de sí.
Chiru siguió sumergiéndose con la esperanza de encontrar el objeto de su deseo pero fue inútil. Al fin, sin fuerzas fue arrastrado por un remanso que se lo llevó para siempre a las profundidades. Los dioses habían dado su castigo al importuno joven y premiado la bondad de la doncella convirtiéndola en una hermosa flor que se eternizaría dando nombre al río que puebla, porque Paraguay significa río de coronas y aquellas coronas llevan el nombre de Irupé.

Guris, Juan.

LSM dijo...

Otra canción sobre esta flor "Camino Del Irupé"

Un ranchito isla adentro, bajo un timbó coposo, en un paraje hermoso, bordeando de ceibales, encontré dos puñanes, esos eran tus ojos, pescador del arrojo mi trampero encontré. Peregrino del agua seguí mi rumbo incierto, pero hoy que busco puerto, donde te encontré… una flor de irupé y este discreto río, fueron mudos testigos de lo que allí paso. Recuerdo bien, que te dejé, sobre una flor, la de irupé. lejos llegué… suerte de andar… mas, sueño yo, que he de volver. Brama infernal el vendaval; tapiando estás camalotal… nada podrá, parar mi fe, camino a la flor de irupé

Letra: Santos Tala
Música: Edmundo Pérez