

Tláloc
El dios Tláloc pertenece a la religión náhuatl-culhua, ubicados en la región donde hoy se encuentra México. Era, y es, el dios del agua terrestre y del agua celestial y se lo representaba con una máscara compuesta por dos serpientes entrelazadas, cuyos colmillos eran los del dios. Doris Heyden dice que “que la serpiente es una criatura que simboliza tanto el agua como la tierra. Estos elementos, agua y tierra, son típicos también de las deidades acuáticas, ya que ambos son interdependientes” y que las serpientes “pudiera ser una estilización de la cascabel, por los dos colmillos puntiagudos y por el cascabel o flor que lleva en la cola.”
Molina aclara que Tláloc era apelado consistentemente como Tlamacazqui, epíteto relacionado con la capacidad y función de otorgar agua y alimento. Los nahuas prehispánicos pensaban que la lluvia procedía de las aguas almacenadas en el interior de las grandes montañas, de donde pasaba a las nubes en forma de lágrimas celestiales. Es por ello que en las fiestas dedicadas a Tláloc en el mes llamado Atlacahualo, el primero del año para ellos y correspondiente en términos generales a febrero, se sacrificaban niños en las cumbres de los montes y se creía que entre más lloraran, más lluvia acarrearían sus lágrimas. Al decir que aún es el dios de la lluvia tomo el trabajo de Francisco Castro Pérez en el cual habla de cómo el culto aún tiene vigencia hoy en día y de cómo los campesinos indígenas pelearon con los representantes del Museo Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México para conservar su estatua del dios en la región. Castro Pérez dice “la creencia de los campesinos indígenas (…) se mantiene viva y palpitante demostrando la dureza del núcleo cultural mesoamericano, la longevidad de la cosmovisión prehispánica.”